viernes, 21 de agosto de 2015

AMARGA PESADILLA



Su calvario  comenzó el 13 de marzo de 1994 cuando jugando para las divisiones juveniles de Universitario en un partido contra el Jockey Club de Rosario se fractura la cuarta y quinta vértebra: “Fue una jugada totalmente fortuita. Ocurrió después de un tackle francés, cuando un rival mucho más pesado que yo cayó sobre mis espaldas. La lesión fue instantánea. Apenas llegamos al sanatorio le pedí encarecidamente  a mi padre que me informara sobre las consecuencias del accidente. Él con gran dolor y extrema crudeza me reveló que había quedado cuadripléjico”. Pero en lugar de entregarse, decidió enfrentar las 72 horas siguientes con total entereza: “ Los médicos habían diagnosticado que yo estaba a un paso de perder por completo mi capacidad respiratoria y cualquier descuido me podía provocar la muerte. Yo decidí vivir y pase esas 72 horas sin dormir”.
Los años siguientes no fueron sencillos de sobrellevar para Diego, a pesar de los esfuerzos de los médicos que lo atendieron y los avances de la ciencia solo pudo recuperar un poco de movimiento y  sensibilidad en el hombro: “Yo no muevo ni las manos ni las pernas. Dependo para todas las tareas de mi vida diaria de la asistencia de alguien, que en este caso es mi papá”. Pero eso no fue impedimento, para que  siguiera dando batalla y cuando recuperó sus facultades neurológicas no dudó en inscribirse en la Facultad de Derecho de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, donde en cuatro años y ocho meses egresó con el título de abogado y mediador con el segundo mejor promedio, para después graduarse como escribano.
-¿Cómo hacías para estudiar, siendo cuadripléjico?
- Me arme de un atril como eso que tienen los músicos y lo adapte a la cama, para que pueda apoyar los libros. Eso sí, cuando no estaba mi papá, me costaba horrores poder pasar a otra página, pero con esfuerzo lo lograba.

Hoy desde su rol de abogado, brega para que las obras sociales, que muchas veces son rehacías a cubrir los costosos tratamientos a los que se deben someter los discapacitados hagan valer sus derechos y lucha a diario a través de la presentación de amparos, para que no sean discriminados en el los ámbitos laborales y educativos.  Para ello se vale de un  programa de voz, mediante el cual le dicta a la computadora sus escritos. 

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